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La energía en nuestras casas habita en forma de electricidad, y según el consumidor, el uso es diferente. Desde iluminarnos a alimentar todo tipo de dispositivos y electrodomésticos. Su uso es tan cotidiano que no somos conscientes de los peligros que encierra. Estos están presentes en todo tipo de instalaciones eléctricas y conocerlos, además de aprender a prevenirlos, es algo esencial que debemos hacer para garantizar nuestra propia seguridad. Te contamos cuáles son esos riesgos para evitarlos.
Los principales riesgos de la electricidad
Aunque no nos demos cuenta, la corriente eléctrica recorre las paredes y los techos de nuestro hogar de una forma silenciosa. Son muchos los factores como el paso del tiempo, el mal uso o incluso una falta de mantenimiento los que pueden dar pie a situaciones peligrosas.

Unos de los más comunes y temidos son los cortocircuitos, la causa más habitual de estos son las subidas en la intensidad de la corriente de forma brusca o inesperada. Este puede ser el origen de una chispa peligrosa, lo que puede provocar daños en nuestros electrodomésticos o dispositivos conectados o lo peor de todo, provocar un incendio. Las sobrecargas continuadas, el deterioro o las conexiones sueltas del cableado son el origen de averías eléctricas, que no solo nos dejan sin suministro, sino que pueden dañar y comprometer de forma severa la instalación.
Efectos del contacto con la electricidad
Nuestro cuerpo, al estar compuesto principalmente de agua, y al entrar en contacto con la electricidad, se convierte de forma automática en un conductor. Y las consecuencias se traducen desde un simple cosquilleo a otros daños irreparables.
Aunque todo dependerá de factores como la intensidad de la descarga, el recorrido que haga la corriente por nuestro cuerpo y la duración del contacto. Provocando lesiones como quemaduras de diversa intensidad, así como la contracción involuntaria de los músculos e incluso dificultad para respirar. Las más críticas pueden ser alteraciones cardiacas como la fibrilación ventricular.
Agua y electricidad, una combinación peligrosa
Unos de los enemigos de la electricidad es el agua y por ello conocer las reglas de oro en cuanto lo que a esto provoca es necesario para evitar accidentes. El agua gracias a los minerales y sales disueltos esta se convierte en un conductor eléctrico rápido y excelente.
Por lo que no debemos manipular aparatos como planchas de pelo o secadores con las manos mojados, o instalar enchufes demasiado cerca de fuentes de agua como la bañera. Usar dispositivos enchufados en entornos o ambientes en los que la humedad y la condensación es muy alta multiplica el riesgo de electrocución. Es por ello que, en las zonas húmedas de la casa, debemos conocer y cumplir estas normas de forma estricta para aumentar la seguridad y realizar una vigilancia constante para que se cumplan, evitando accidentes.
¿Cómo protegerse ante los riesgos de la electricidad?
La mejor forma de hacerlo es con la prevención, aplicando el sentido común, así como realizando un mantenimiento preventivo. De manera que una revisión periódica del cuadro eléctrico, comprobar los interruptores y los diferenciales saltan con una sobrecarga o realizar un test pulsando el botón de prueba es fundamental, para evitar accidentes.
Acciones como cambiar una bombilla, reemplazar un casquillo o arreglar un enchufe es algo que muchos usuarios intentan sin haber cortado previamente la luz, lo cual es un gran error además de una irresponsabilidad. El uso de regletas interconectadas entre sí, puede sobrecargar la red y provocar una situación de peligro. Por lo que, ante un chispazo o fallo persistente, debemos revisar todos estos aspectos y acudir a un profesional.
No debemos olvidar que una instalación bien realizada y con un mantenimiento al día y correcto, no solo nos mantiene alejados de las desgracias, sino que además nos garantiza el buen funcionamiento de nuestros electrodomésticos, lo que permite a su vez, una mejor gestión del consumo.
Pudiendo buscar otras alternativas dirigidas a la reducción de costes, una forma de hacerlo es contratando una nueva tarifa variable de la luz. La cual nos permite adaptar el gasto energético a las horas más económicas del mercado con total seguridad