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Uno de los debates más habituales, ya sea en conversaciones acerca de economía doméstica o en el diseño de interiores, versa sobre si es mejor cocinar con gas o electricidad. Una decisión difícil de tomar, ya que implica una serie de factores en los que podemos destacar desde la eficiencia energética, pasando por la seguridad, nuestro estilo culinario y no podemos olvidarnos del presupuesto. A continuación, te contamos todo lo que debemos saber para tomar la decisión más acertada.
Ventajas y desventajas de las cocinas con gas
Sigue siendo la preferida por los chefs profesionales y los puristas de la cocina, por la sensación de control sobre el cocinado que nos proporciona la cocina tradicional. Estas son algunas de las ventajas que nos ofrece.
- Control de la temperatura: La llama aumenta o disminuye al instante, lo que permite un control muy preciso del calor que recibe la comida.
- Versatilidad con los recipientes: Puedes usar cualquier tipo de olla o sartén.
- Independencia de la red eléctrica: La cocina a gas seguirá funcionando sin problemas, permitiéndote preparar alimentos calientes, a pesar de un corte de luz.
- Técnicas culinarias específicas: Acciones como el flambeado, tostar alimentos directamente al fuego o el uso de un wok.
Pero también tiene una serie de inconvenientes, entre los que se encuentran
- Limpieza tediosa: Desmontar los quemadores, las tapas y las pesadas rejillas de hierro para limpiar derrames y grasa incrustada requiere bastante tiempo y esfuerzo.
- Riesgos de seguridad: La presencia de una llama abierta aumenta el riesgo de quemaduras e incendios. Así como el riesgo latente de fugas de gas o mala combustión.
- Baja eficiencia térmica: Gran parte del calor generado por la llama se escapa por los lados de la olla, calentando el ambiente de la cocina en lugar de los alimentos.
Ventajas y desventajas de las cocinas con electricidad
La evolución de las cocinas eléctricas ha sido constante durante las últimas décadas y nada tiene que ver con las primeras. Estas se dividen en dos categorías, vitrocerámicas tradicionales (con resistencias que se ponen rojas bajo el cristal) y placas de inducción (que usan campos electromagnéticos), siendo estas últimas el estándar más moderno y eficiente.

Como en el caso de las cocinas de gas esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes, empezamos con las primeras.
- Limpieza sencilla: Al ser una superficie de cristal totalmente plana, limpiar salpicaduras suele ser tan fácil como pasar un paño húmedo.
- Máxima seguridad: Al no haber llama abierta ni emisiones de gases tóxicos, la cocina es un entorno más seguro. Las placas de inducción, además, no calientan el cristal por sí mismas, sino solo el recipiente, evitando quemaduras graves.
- Estética y diseño: Su perfil plano y minimalista se integra en las encimeras de las cocinas contemporáneas.
- Eficiencia en el calentamiento: La inducción en particular es rapidísima; el calor se genera directamente en la base del recipiente.
Frente a las desventajas que presentan, que son las siguientes:
- Inercia térmica (en vitrocerámicas): tardan en calentarse y enfriarse cuando bajas la potencia, dificultando los cambios rápidos de temperatura.
- Dependencia eléctrica total: Si hay un apagón general, no podremos cocinar.
- Restricciones de menaje: Si optas por inducción, necesitarás que todas tus ollas y sartenes tengan una base ferromagnética.
¿Qué es más barato, cocinar con gas o electricidad?
Además de las diferencias en las características de las cocinas y su uso, una de las grandes diferencias las encontramos en lo que se refiere tanto a la inversión inicial como en el consumo de energía. Algo muy a tener en cuenta a la hora de elegir la mejor opción.
El coste del equipo y la instalación de una placa de gas tradicional suele ser más. Si tu vivienda no tiene la preinstalación de gas natural, llevar la tubería hasta la cocina, cumplir con las estrictas normativas de ventilación y dar de alta el suministro puede encarecer enormemente el proyecto.
El consumo en el día a día: el precio del gas natural ha sido notablemente inferior al precio del kilovatio hora (kWh) de la electricidad.
En cuanto a eficiencia energética, una cocina de gas transfiere aproximadamente entre un 40% y un 50% de la energía que consume a la comida, el resto se desperdicia. Por su parte, una placa de inducción moderna aprovecha hasta el 90% de la energía.
Aunque la tarifa de la electricidad sea más cara, necesitas consumir mucha menos energía para cocinar el mismo plato en una inducción que en el gas. Si a esto le sumamos que el gas natural requiere revisiones periódicas obligatorias de la instalación y cuotas fijas de mantenimiento, a largo plazo la diferencia entre ambos tiende a igualarse.